Mi descubrimiento de la PNL coincidió con la infancia de mi hijo menor (hace ya dos décadas) y aumentó aun más mi sensación de asombro ante el regalo de la vida.  Empecé a aplicar con ilusión el nuevo enfoque a la crianza del retoño. Recuerdo con cariño algo que aprendí yo cuando él chocó con la labor de aprender de memoria las tablas de multiplicación en la escuela primaria. Le aburría la tarea, no entendía el fin o la utilidad de tal esfuerzo, lo de memorizar “porque si”; no podía con esa manera de aprender. Entonces yo me pregunté:

¿Cómo puedo ayudarle despertar la motivación, la curiosidad e incluso la pasión por las mates? ¿Cuáles son las estrategias a emplear? Decidí aplicar la táctica de “cubrir todos los canales sensoriales”: Visual, Auditivo y Cinestésico, lo cual correlaciona con los principios de aprendizaje acelerado: involucrar los 5 sentidos, aumentar la agudeza sensorial, emplear el juego y la diversión, recurrir a una práctica distribuida y frecuente…

Así que en el desayuno utilizamos una pizarra blanca para juegos aritméticos visuales, buscando patrones, por ejemplo: 12 = 3 x 4 (1234); 56 = 7 x 8 (5678). Y a la hora de dormir él escuchaba cintas de música con las tablas cantadas. Además le enseñé algún juego de cálculo con el cuerpo; recuerdo uno con el número (mágico) 9 con que los dedos funcionan como un ábaco. También pactamos “la prueba sorpresa” donde yo tenía el derecho de examinarle en cualquier momento del día: “¿3 por 8?”, como el entrenador de karate de Peter Sellers en la Pantera Rosa, que le atacaba por sorpresa en momentos inoportunos…

Pero todavía le costaba fijar en su memoria la tabla básica de multiplicar. Entonces me sirvió un axioma de la PNL: si algo no funciona, haz otra cosa. No hay alumnos resistentes sino maestros que todavía no encuentran los recursos…

Acto continuo y por chiripa, caí en mis manos el libro “El demonio de los números” de Hans Magnus Enzensberger. Al joven protagonista del relato le aparece en sus sueños un pequeño demonio, que al contrario de ser una pesadilla será el comienzo de un viaje por la misteriosa vida de los números… Al final fue este cuento, narrado durante unas cuantas noches en su lecho, que catalizó una duradera curiosidad y pasión por las matemáticas en mi hijo.

Lo que marcó la diferencia en su aprendizaje fue lo de evocar el inconsciente, el hemisferio derecho, usando una metáfora. Además se hizo en un contexto ideal, justo a la hora de dormir, cuando el cerebro ya vibra con ondas más lentas, las beta y theta. Así que aprendí la importancia de cultivar el lenguaje del inconsciente, de honrar y confiar en la segunda atención. Cuando los padres explicamos cuentos a nuestros hijos a la hora de dormir estamos cocinando con los ingredientes del proceso hipnótico, que cuece la fijación y la sugestión con el consentimiento.

La descripción del inconsciente desde la PNL lo afina como un interlocutor privilegiado en el que encontramos todos los recursos que necesitamos para hacer los cambios que nos convengan. El consciente proporciona al inconsciente nuestras percepciones sobre la experiencia de la vida en proceso, y hay una especie de constante oscilación entre ambas partes de nuestro ser, una retroalimentación. Podemos dirigirnos al inconsciente positivamente, para que elabore y reorganice nuestros aprendizajes, facilitándonos así el cambio.  Se trata de hablar su lenguaje.

¿Quieres aprender a depositar mensajes potenciadores en forma de sugestiones, símbolos, ritos y metáforas en tu inconsciente y dejarlos en infusión, como una bolsa de té rojo en una tetera?

Las metáforas son la voz del inconsciente.  John Grinder